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Los argentinos, cada vez más atraídos por los vinos de alta gama

Con 50 pesos se puede conseguir un vino de lujo, asegura Fabricio Portelli, director de una exposición realizada en el Alvear en la que se presentaron 300 de las mejores etiquetas del país.

"De todos los artículos de lujo, el vino debe ser el más disfrutable y consumible. No es una obra de arte que uno aprecia estáticamente, sino que es algo que uno toma y que desaparece, aunque algo quede en algún lado. En algún momento, todas las botellas de determinada cosecha desaparecen, pero su historia queda. Y el prestigio de un vino se va construyendo a través de la historia."

Ésa es la mirada que propone el crítico de vino y periodista especializado Fabricio Portelli, director de la revista El Conocedor, para introducirse en el mundo de los vinos de lujo o alta gama, un terreno en franca expansión en la Argentina. Crecimiento que esta semana se vio reflejado en la exposición Vinos de Lujo 12 El Conocedor, realizada en el Alvear Palace Hotel, en la que se degustaron 300 de los mejores vinos argentinos, algunos con etiquetas de hasta 1000 pesos.

¿Cuál es el piso a partir del cual se dice que un vino es de alta gama? "En la Argentina, hablamos de la barrera de los 50 pesos -responde Portelli-. Uno podría decir que eso no es lujo, pero en un país que es el quinto productor mundial de vino y en el que el 98% de los vinos valen menos de 20 pesos, ese número es adecuado. Claro que de ahí se puede saltar a 1000, 1200, 1500 pesos, siempre hablando de vinos de cosecha, no de vinos guardados."

Pero como con todo artículo de lujo, existe sí un piso, pero no un techo: "Si un vino vale cientos o miles de dólares, es porque alguien lo paga -agrega-. Claramente, el costo está muy lejos de ese precio."

Entonces, ¿cuál es el valor agregado que permite poner el precio? "Cuando la etiqueta de un vino te dice algo, cuando hay una firma reconocida detrás, cuando se trata de una partida limitada, cuando proviene de un lugar o terroir específico, y si encima está bueno, entonces el vino se transforma en mucho más que un mero elemento de dar placer y adquiere otros significados y un valor agregado", dice Portelli, que señala que la Argentina está comenzando a descubrir el terruño como elemento para conferirle un nuevo valor al vino.
"Tenemos terruño, tenemos potencial, pero recién ahora estamos empezando a relacionar el vino con el terruño para que sea diferente -agrega-. Por eso no podemos ostentar terruño como los franceses, que hace mil años que hacen el mismo vino en el mismo lugar, lo que les permite ir mejorándolo año tras año. Ésa es la razón por la que en el Viejo Mundo un vino más viejo es más barato que un vino más nuevo. Porque, a menos que el clima arruine una cosecha, la nueva siempre va a ser mejor que la anterior." En la Argentina, predice Portelli, "va a llegar el momento en que los bodegueros encuentren el lugar indicado para hacer su mejor vino".

Ése es el camino que hoy emprenden muchas bodegas argentinas que buscan hallar la expresión particular de cada terroir , y que se expresa en la idea de single vineyard : vinos elaborados con uvas provenientes de un viñedo o zona única. "Nos dimos cuenta de que al tener diferentes terroir con características diferentes podemos desarrollar vinos con particularidades que representan cada una de las fincas", cuenta Fernando Marcos, gerente de Marketing de Bodegas Norton. Jorge Riccitelli, enólogo de esa firma, agrega a la nacion: "Ahora estamos un paso más allá: estamos presentando vinos de lote, que provienen de una parcela de la finca en donde la planta se expresa de la mejor manera. Así, cada uno de los vinos de lote que estamos presentando en esta feria [Vinos de Lujo 12] provienen de pequeñas propiedades identificadas por terroir ".

Lunlunta, Agrelo y Finca La Colonia son los primeros exponentes de la línea Norton Lote Malbec Single Vineyard, presentados en Vinos de Lujo, y que responden a la idea de lote. "Y no somos la única bodega que está apuntando en esa dirección", agrega Riccitelli, que señala el lugar destacado que están ganando los vinos argentinos de alta gama en la crítica internacional.

"Tanto el periodismo nacional como internacional está destacando los vinos argentinos de lujo a través del puntaje que están recibiendo -dice-. Hoy hay 300 vinos argentinos con calificaciones de más de 90 puntos [sobre 100], que es algo que muy pocos países tienen."

Esas calificaciones son una cuña para abrirse paso en el mercado internacional de vinos de lujo para la Argentina, el octavo exportador de vinos del mundo. "En la actualidad, casi el 80 por ciento de los vinos de alta gama que se producen en el país se exportan", comenta Leopoldo Kuschnaroff, enólogo de Catena Zapata, bodega que cuenta con vinos de alta gama como el Malbec Argentino o el Nicolás Catena Zapata.
Un porcentaje menor de la producción de vinos de alta gama queda en el país, donde el perfil del consumidor de vino se ha ido modificando. "El consumidor argentino sufrió en los últimos 20 años un cambio, al igual que la industria -afirma Kuschnaroff-: cada vez conoce más de vinos y está interesado en probar vinos de alta calidad."

Riccitelli poné números a esa afirmación: "Antes, los argentinos tomábamos 90 litros de vino al año por persona, hoy andamos por los 35, pero tomamos vino de mayor calidad". Portelli agrega: "En los 80, el consumidor era muy sediento y el bodeguero hacía de todo para satisfacer esa sed. Incluso sacrificó la calidad para darle de tomar: apagó la sed con volumen".

Veinte años más tarde, la rentabilidad que ofrece el segmento de los vinos de alta gama es más que una excusa para desandar el errores señalados por Portelli. De ahí que, como confirma Kuschnaroff a la nacion, "el de los vinos de lujo es un segmento que está creciendo y se está volviendo cada vez más competitivo".
Y eso incluso se refleja en los precios: "Hay una carrera -dice Portelli-. El año pasado lo que valía 500 pasó a valer 700, y el que estaba en 700 subió a 900. No quieren vender, quieren demostrar. Y para mí el vino de lujo se tiene que vender, aun cuando yo, como la mayoría, no soy un tipo que compraría para tomar asiduamente un vino de 100 pesos".

La Nación

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